Ángel Pedro Gómez

AECA

EXPOSICIÓN: “La Poética de la Libertad”

LUGAR: Catedral de Cuenca

 

Los átomos del silencio

Los censores y la autocensura han contribuido a que muchas expresiones de diversa índole se hayan visto reducidas a la más indolente oscuridad. El concepto de infracción moral, política o religiosa ha formado parte de la historia de la humanidad.  Prohibir no ha estado prohibido. La muerte física o el encarcelamiento o el destierro son algunas de las más llamativas aplicaciones   de regímenes represivos y censuradores,  frente  a artistas o pensadores “degenerados” que tratan o trataron de expresarse fuera de los parámetros oficiales, de la geometría moral, política o religiosa impuesta e imperante.

 Ai Weiwei fue recluido durante 81 días en condiciones muy duras. La represión puede transformar a un hombre en una nueva criatura. Algunos ni siquiera pueden contarlo, otros acaban tarados o con secuelas irredimibles. El poder contarlo sin duda es una forma de redención. Siempre hay algo sublime en el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad. Su dramática experiencia cobra vida en sus adustas  arquitecturas y en su sobrio lenguaje que nos muestra la insoledad, la desintimidad y  la tensión vivida. No está solo e inobservado ni para ir al baño.

 

 Sus hiperrealistas dioramas se han quedado parados en un instante fijo del tiempo y del espacio,  en el que ha quedado sintetizada su amarga historia, la reclusión de su dignidad. La interactividad con el espectador se  produce a través de unas pequeñas aperturas que se encuentran en cada una de las seis cajas/celdas.  Sus  cajas,  nos confiesan un paisaje, plomizo, intimidante, abrumador y hostigante, que nos hace  partícipe  de una realidad hostil, de una lógica compositiva transhistórica que enlaza con el sentido épico  de los supervivientes.

Las tradiciones y actividades  represivas de muchos regímenes quedan en ocasiones en el olvido o en el desconocimiento. Sin embargo, Ai Weiwei ha querido que su experiencia fuese inolvidable. Narrar su dramática experiencia  de esta naturalista manera ha sido una confesión  una  pública denuncia, y seguramente también una verdadera catarsis. Lo comunicable o lo incomunicable son percibidos como parte de una paradójica situación. Por un lado el artista como símbolo de la libertad de expresión por otro los ineludibles carceleros  como símbolos de la más radical represión.

Lo escenificado no es una expresión absoluta de la memoria,  contiene vacíos que buscan la complicidad del espectador. Con el título ha querido reflejar algunos de estos vacíos y sin duda es la parte más intrigante de la exposición. El título: S.A.C.R.E.D (sagrado), responde literalmente a las iniciales en inglés de las palabras, cenar, acusadores, limpieza, ritual, entropía y duda, que se representan cada una de las seis férreas estructuras. No cabe duda que estar reducido, significa sufrir algún grado de desorden, de incertidumbre y de duda. Cada celda es un espacio epifánico de la condición humana , donde transcurren rituales cotidianos como ir al baño, comer, dormir y pasear, allanados por la innegociable presencia de los guardianes.

La muestra ha contado, con un magnífico  escenario como es el de la subyugante catedral de Cuenca. Toda catedral es una artística sucesión de  narraciones  filtrada por  luz de  vidrieras (las de aquí impagables).  Asimismo  ha estado acompañada  con otras manifestaciones artísticas, como la de Florencio Galindo y la de los informalistas, con obras de Martín Chirino, Francisco Farreras, Luis Feito, Gustavo Torner,  Fernando Zobel, Manolo Millares, Antonio Saura y  Rafael Canogar, que han contribuido a hacer  un guiño a la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Cervantes que también sufrió su cautiverio. Conviene recordar  que este  gran conjunto de artistas, además de abrir barreras y eludir censuras, dieron un encomiable impulso a Cuenca como  espacio expositivo, inspirativo y creativo, como ciudad para el Arte.

El arte forma parte del proceso de construcción del mundo y de la historia. Se mueve en las trampas y veleidades  de los deseos, que buscan integrarse o desintegrarse en la prosa y en la poesía del mundo. A través de esta instalación   Ai  Weiwei nos ha dejado una muestra de  sus deseos de denuncia y  revelación de lo injusto.

La fuerza del arte, de las ideas y el pensamiento es imparable a pesar de las leyes o éticas reductoras  imperantes. Les apalearon, les amenazaron pero siguieron adelante..., pero todavía desgraciadamente la censura y la autocensura siguen estando entre nosotros. Parece que las aberraciones del poder no envejecen, no padecen obsolescencia, pero al menos, y en este caso,  nos queda el arte como antídoto.

Hay unos versos de Paul Valery que dicen: "Paciencia, paciencia, paciencia en el azul del cielo cada átomo de silencio es la posibilidad de un fruto maduro". Ingrato es vivir en la  gris enemistad  de una celda. Ingrato es vivir 24/7 bajo la censurante e intimidante mirada de los carceleros. Seguramente Ai Weiwei mientras estuvo cautivo soñó  con el azul del cielo y después convirtió cada átomo de silencio en este  fruto maduro, en este S.A.C.R.E.D.

Madrid 4 de octubre de 2016

VISITAS AECA

1672553
Hoy
Ayer
Esta semana
Última semana
Este mes
El pasado mes
Total
153
1128
1281
1651840
33518
34594
1672553
Our website is protected by DMC Firewall!