dt1Durante los últimos años la custodia de una colección permanente en el marco del museo tradicional parecía haberse convertido en una limitación. Sin embargo hoy las colecciones se entienden como una oportunidad para la renovación.

La interacción con la cultura contemporánea a través de las piezas artísticas que erigieron nuestro pasado está motivando una pequeña revolución en las prácticas museológicas, facilitando los puentes generacionales que se venían necesitando.

 

El principal detonador para este cambio de paradigma se debe a las nuevas conciencias adquiridas en el seno de muchas instituciones, que han decidido asumir disciplinas actuales para generar diálogos con visitantes de nueva generación, nacidos en un contexto marcado por otros hábitos de consumo.

Como bien anunciaba Karl Popper, aprendemos mucho por medio de la falsación y quienes hablaban del fin del museo se ven ahora ante la tesitura de publicar tesis alternativas que permitan hacer frente a nuevos problemas más rigurosamente reformulados.

dt3Ciertas experiencias siguen falseando la obsolescencia de los museos, revitalizándolos con contenidos que interesan incluso a los “nativos digitales”. Gracias a ello sectores como el videojuego pasan a ser especialidades artísticas, y compañeros de la infancia como  Pac-Man, Tetris o Portal encuentran su sitio en forma de piezas clave de nuestro patrimonio más reciente.

Esta fue la estrategia de MOMA. El gran referente neoyorquino adquirió 40 míticos videojuegos del siglo pasado que de manera visionaria ya anunciaban el paso de este área creativa al mundo del arte. Las adquisiciones del MOMA han permitido líneas de actuación que posibilitan un nexo con la realidad del ahora pero manteniendo cierta coherencia con el resto de su colección.

Tal renovación surge a partir del reto de una gestión cultural más creativa en diálogo con los códigos estéticos imperantes. Este es el caso de la exposición “The End of Fun” en el Hermitage, donde los hermanos Chapman pudieron mostrar sus controvertidas reinterpretaciones sobre los desastres de Goya en forma de grabados. Una muestra que se incluyó en el ciclo 20/21 Project para dar a conocer creadores recientes.

Destacamos también la exhibición en el Louvre de Enki Bilal “Los fantasmas del Louvre”, donde las producciones de este dibujante de comics destapan el destino trágico de varios personajes cuyas vidas se vieron marcadas por algunas pinturas del museo.

dt2Políticas culturales similares diversifican la programación expositiva y fomentan lecturas alternativas sobre la obra de grandes maestros, pero al mismo tiempo provocan una profunda transformación en las formas de trabajo. Como consecuencia de ello se reformula a la par el modo de comunicar las actividades, volviendo la mirada hacia líneas de divulgación 2.0.

Que el Museo del Prado tenga 140.000 seguidores en Twitter es un ejemplo de este proceso, o –visto desde el lado del sector tecnológico- que Google siga invirtiendo en su googleartproject es otro efecto colateral que indica la buena dirección que está tomando el conjunto de este tejido cultural.

La falta de fondos derivada de la incertidumbre económica global no ha supuesto tampoco un freno para todas estas acciones. Los problemas de financiación se convierten de nuevo en un medio para la observación y posterior toma de decisiones, comprometiendo en este caso a los departamentos de fundraising. 

La apertura conceptual que se viene sucediendo podría presentarse como una garantía que ponga freno a la venta del patrimonio como medida de supervivencia. Desde el inicio de la crisis los casos de venta de colecciones para evitar el cierre se han multiplicado, dejando en evidencia la ausencia de buenas ideas entre los gestores.

Diseñar proyectos en cooperación con otras organizaciones que apuestan por vincular su marca a colecciones de prestigio es un punto de partida. Así ha ocurrido recientemente con la alianza establecida entre Museo Thyssen y la Colección Cartier.

Cabe mencionar que a la hora de aplicar cualquiera de estas estrategias corresponde a los directores de los centros garantizar el respeto hacia los auténticos valores que sus espacios pretenden, priorizando la correcta preservación -tanto simbólica como material- de las obras con el fin de asentar un desarrollo sostenible para que sponsors, instituciones, público y obras de arte salgan beneficiados. 


Dario Tobes Alonso






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