Tomás Paredes

Presidente de AECA-AICA/Spain

Nada se ve si no se mira con ahínco. A primera vista, ¿qué vemos en esta pintura?: un bosque exuberante, el color que salta, puro o inventado, solo o paredaño, locuaz o silencioso. Pero, si nos demoramos en la piel de estos lienzos fogosos y salvajes, agitados, descubrimos la luz, la fuerz y poderío de los complementarios extasiados en unos blancos, que dominan los cuerpos y el espacio, convertido en luz.

Ahora se desprecia la luz natural, se pinta con artificial y por eso hay tanto artificio. Lo que no interesa no se analiza. La luz es fundamental en esta amalgama de gestos cromáticos que se arraciman en un sentimiento y crean formas más allá de la de la forma.

Más que personajes, Mujeres son prototipos. En la pintura todo es invención. Tanto da que represente, que ficcione, siempre que presente y esa presencia, que se somete a nuestra sensibilidad, es la que determina nuestra emoción o indiferencia. Aquí se nos ofrece un cúmulo de gritos, que ahorman una canción, que va de la estridencia a la armonía.

 

Alufrar, alufrar... y experimentar lo que la mirada nos induce. Importa dejarse llevar, solazarse, descubrir por qué sentidos. Esto no es una crítica, sino una visión, que quiere ser conectiva con otras. Es una lectura de un bosque de cromías del que emerge un cosmos exultante. Más que brillante, es excitante, fuerte, densa.

Antonia Payero es expresionista, pero no siempre fue figurativa y nunca referencial. No hace retratos, hace etopeyas, con ecos pop, pidiendo que cada cual obtenga sus conclusiones y saque a pasear sus emociones. Borges, que tantas cosas dijo de forma definitiva, sentenció que el hecho plástico "es la inminencia de una revelación que no se produce". Si se produjera, la búsqueda acabaría, el pintor o el poeta habría llegado a su acmé y ya no tendría objeto insistir en su camino, habría llegado...

Payero, en estas Mujeres, más que al feminismo al uso, homenajea al Norte, el mundo de Ibsen y su bandera: la figura de Nora Helmer. Henrik Ibsen (Cristianía 1828-1926), ya apuntó: "Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer no será humana".

Un recital ahíto de tintura: jalde intenso en los cuerpos cabe bermellones, cabellos azules y amarillos, mujeres rojas o de cal, relámpagos de verde permanente y todos ellos fundidos en un resplandor que anuncia la luz que los gesta.

Sensación de inquietud y placer es lo qjue provoca la visión de este hermoso caos. Para saber más de su autora, se impone la lectura del volumen que le dedicó Antonio Leyva, "Antonia Payero. El resplandor homicida de la razón", Fur Printing Ediciones, Madrid, 2002.

Para saber de esta pintura, mirar y ver ese latido que se esconde en los pliegues de un pincel, que deja el pulso del corazón cabe la complicidad de la memoria en cada trazo.

VISITAS AECA

1598068
Hoy
Ayer
Esta semana
Última semana
Este mes
El pasado mes
Total
1943
830
8268
1570330
29029
42850
1598068
DMC Firewall is a Joomla Security extension!