AECA Satoru Yamada

Fotografía: Peter Wall

 

Asistí a la exposición “repetición” del artista japonés Matsubara Ken (Tokio, 1949) en la Galería Rafael Pérez Hernando, el 1 de febrero, y estará expuesta hasta el 10 de marzo.

Entre las obras, hay una línea de pensamiento subyacente de la repetición, por ejemplo, las obras de forma de cuenco llamado “Moon Bowl (cuenco de la luna)” tienen el espejo como superficie de agua y en ella, se proyecta repetidamente la animación rompiéndose los objetos en el espacio, que invocan recuerdos.

En otro vídeo, una chica contempla el fuego de la hoguera y luego lo apaga, después, aparece otra chica con el fuego de la hoguera, esta chica lo apaga. Así una tras otra, las chicas apagan la hoguera repetidamente.

En otra sala, hay un pequeño televisor, es de la época de la burbuja financiera de Japón, cuando las empresas japonesas desarrollaban y fabricaban el pequeño televisor, estando en la vanguardia de la tecnología; el artista ha expuesto el televisor medio fundido en el suelo, en el que se puede visionar la animación de los libros que se caen como el “efecto dominó”, la pequeña pantalla era el símbolo de la economía floreciente; aunque una pequeña pantalla de televisión sea maravillosa tecnológicamente, si pasa la moda, la gente le da la espalda, en el mundo siempre funciona alguna norma poderosa cósmica y eso está más allá del conocimiento humano.

Las obras nos muestran la fragilidad de las cosas, pero al mismo tiempo las obras son la ley del universo, la destrucción de las cosas es una pena, pero el universo sigue su avance sin detenerse en nada; en cada momento de la destrucción o pérdida de un ser, animal, u objeto querido, nos enfadamos o lamentamos su pérdida, pensando que el mundo es injusto, pero el universo es más grande de lo que pensamos, nosotros sólo somos pequeños miembros: como una pieza de ajedrez en la tabla; en este momento, nos damos cuenta de que realmente mucha gente tiene la experiencia similar, y que eso nos ayuda a superar la tristeza de la pérdida de algo.

“Pienso que los japoneses están conscientes de que las cosas son frágiles, por eso la casa japonesa está hecha de madera.” “A pesar de que el 2011 nos atacó el terremoto horroroso en Fukushima, nosotros inmediatamente aceptamos la realidad e intentamos seguir hacia adelante en la vida, tal vez porque que inconscientemente sabemos que las cosas no son inmortales.”

En las obras Moon Bowl, se proyectaban el pájaro muerto o una escultura budista de Amida-nyorai (Amitābha), rompiéndose en el espacio, pero no dramatiza, ni exagera, sólo trata la muerte o la pérdida como una parte de la vida cotidiana, aunque el pájaro sea bonito, aunque el objeto sea de culto, una vida o una cosa tiene fin, pero no necesitamos lamentar mucho, porque después de un final siempre comienza una nueva historia.

Las obras tratan el concepto japonés, pero el artista no ha expuesto el comentario explicativo en la sala, no ha cerrado la posibilidad de la interpretación libre, por eso creo que todos los españoles pueden interpretar las obras de manera occidental, porque la pérdida, la muerte y el universo, son temas cotidianos e importantes no sólo para los japoneses, sino para todo el mundo.

Foto1; Moon Bowl con la imagen del artista japonés.

Foto2; obra de video del papel flotando.

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