Satoru Yamada

AECA. AICA

 

En el Centro Reina Sofía tiene lugar la exposición temporal “París pese a todo, Artistas extranjeros 1944-1968”. En ella encontré una obra del pintor japonés Sugai Kumi en la sección del informalismo. Incluso los profesionales del arte han empezado a olvidar su nombre en Japón, por ello me alegré de encontrar su obra de la que voy a hacer un breve apunte.

        Sugai Kumi (Kobe 1919-1996) se trasladó a París en 1952. En esta época, el mundo del arte estaba dominado por el informalismo y la abstracción lírica caligráfica y de ahi surgieron los pintores que realizaban el signo en el óleo como si tomara nota con su propia letra. Un fenómeno producido por el existencionalismo de Sartre que buscaba el valor individual. En esta circunstancia, Sugai llegó a la capital francesa y empezó a pintar. Antes de abandonar su país natal, Sugai manifestó que quería profundizar en sus raíces japonesas en el extranjero. No vino a Europa para aprender la cultura europea, tenía intención de realizar una obra verdaderamente oriental en Occidente. Aunque Sugai estaba más cerca de los miembros de COBRA, no hay problema con definirlo pintor de signos.

      Resumo su carrera de París. Lo que pintaba en el principio de la estancia de París son figuras en obras muy planas, deformadas y simplificadas, como si la pintura fuera pintada por un niño japonés. Además sus cuadros nos recuerdan las viñetas de los cuentos japoneses que hemos leído en la infancia.

      En el 1957, su simplificación evolucionó radicalmente. Derivó hacia la geometría, empleando la línea gruesa y caligráfica. En un corto plazo del cambio entre los dos dichos tipos de obra, realizó unas opiezas del sinograma japonés “kanji” modificado o interpretado por el propio Sugai, la obra geométrica será la de su propio signo o su propio “kanji”. La obra de la exposición es una de esta epoca.

      El fondo básicamente está pintado en un color con pincelada brusca, pero con cierta diferencia del tono por colores mezclados. Como el fondo de muchas obras es blanco, a los europeos ler evoca la caligrafía; pero, para mí, ante el papel blanco veo una pared enlucida. Esta obra me dio la impresión de un garabato en la pared. Siempre recuerdo a Brassaī, que sacó muchas fotos al graffiti de las calles de París después de la Segunda Guerra Mundial. El fotógrafo encontró la humanidad primitiva, la pura espontaneidad de la expresión libre. Antoni Tápies, Picasso, Dubuffet y otros muchos artistas estaban atraídos por las fotos de Brassaī. Imagino que Sugaī también quiso dejar la prueba de la existencia como si un niño pusiera un garabato en la calle.

    Después de la llegada a París, Sugai se convierte en el gran maestro japonés de la escuela de París, sin embargo, en la segunda mitad de los 60, vuelve a cambiar absolutamente el estilo. Conoció como la sociedad alemana dominaba el racionalismo. Eso le condujo a la realización de su nuevo estilo. Estaba obsesionado por una duda, “¿por qué el pintor tiene que crear una obra distinta cada vez?” Sugai empezó a realizar obras geométricas, pero ahora muy calculadas, como si fuera una señal trágica, pero eso llevó consigo un cambio de coleccionistas. El coleccionismo de París, meca del informalismo, le abandonó, aunque los alemanes empezaron a coleccionar su pintura. Unos colegas veteranos que vivieron en el París de esta época me dijeron que de repente desapareció del mundo de arte de París.   

     Pero, por lo menos, me satisface poder confirmar, desde esta exposición del “Reina Sofía”, que un “grafitero” japonés dejó una huella en la historia de arte de París. 

   La exposición se puede contemplar hasta el 22 de abril y les invito a descubrir esa y otras curiosidades.

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