Marisa Oropesa

Comisaria de la Exposición

Julio Romero de Torres (1874-1930) fue más que un pintor, hoy con la distancia del tiempo podemos ver en él un autentico intelectual.  Su implicación en la vida cultural y social de su época le lleva a participar en las tertulias del Café Levante y a compartir mesa con grandes escritores y pensadores como su querido amigo, e impulsor de estas tertulias, Ramón María del Valle Inclán, además de otros escritores y pintores de la época como José Augusto Martínez “Azorín”, Santiago Rusiñol, Pío y Ricardo Baroja o José Gutiérrez Solana.

El artista cordobés fue ante todo un pintor de almas, un trasgresor que iba más allá del rancio academicismo. En realidad está muy lejos del tópico folclórico de su temática, la poética andaluza de Julio Romero de Torres posee fuentes de inspiración que le llevan a ser uno de los grandes simbolistas del siglo XX. Hay que destacar su forma de abordar los temas en sus pinturas: la figura siempre aparece en primer termino mientras en un segundo plano destacan algunos elementos que nos hacen pensar en un telón. Las mujeres suelen ser las protagonistas de esa narrativa, pero no solo como un objeto erótico o de deseo como se ha querido limitar tantas veces, cultiva la imagen de la condición femenina a través del Modernismo, del Simbolismo e incluso del Decadentismo. Una forma muy distinta de ver a la mujer, acorde con la pintura finisecular de otros países europeos más aperturistas que el nuestro. Porque Julio Romero de Torres era ante todo un artista libre, y esa libertad es la que le distingue de otros coetáneos.

 

Los distintos tipos de feminidad que aparecen en la pintura de Julio Romero de Torres son ilimitados, estamos así ante mujeres poderosas, fuertes, desafiantes, ante la femme fatale que tanto fascinaba a Europa en ese momento y que en España parecía imposible aceptar. Unas mujeres que parecen llenas de melancolía en paisajes oscuros, con una variedad cromática que no se aleja de la tenebrosidad: azules, pardos, ocres y grises. Significados alegóricos que se entrevén y aparecen otros temas de interés como la muerte, la vida, el amor, lo sagrado, lo profano o el mundo taurino y flamenco.

Julio Romero de Torres comprendió todo lo que había hacia atrás, bebió de las fuentes del arte, adquirió conocimientos y puso en cuestión lo formalmente establecido. En 1914 el cordobés afirmó: “la pintura ha de ser lo que fue siempre, porque desde los primitivos a Goya pasando por tantos temperamentos y escuelas, el concepto fue el mismo, porque es eterno. Valle- Inclán, el gran maestro, lo ha dicho de la manera más concisa y feliz: “Nada es como es, sino como se recuerda”. La pintura debe ser la verdad vista a través del recuerdo.”

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