Vivía tan en silencio, tan discreto en su pasar, que nos ha cogido por sorpresa la noticia de su muerte, tras una caída y un posterior derrame cerebral, el 7 de abril: “Colecciono accidentes”, decía en uno de sus poemas. Para muchos, una sombra difusa, no confusa; para otros, una luz, una sonrisa que se desbordaba, adivinando lo que su interlocutor iba a requerirle. Cortés, cauto, natural, sobrio. Ningún asunto, intelectual o humano, le era ajeno.

Bernardino Martínez Hernando (Mansilla de las Mulas 1934-Madrid 2019), fue un todoterreno en el mundo del periodismo: columnista, redactor, editor, director de revistas y periódicos, directivo y bibliotecario de la APM, profesor titular de Redacción Periodística en la Complutense, 24 años. Autor de una treintena de títulos de ensayo y narrativa. Socrático, reunía a sus alumnos en su casa, para hablar de sus anhelos.

Estuvo presente en todo lo que olía a cultura. Nos encontrábamos en exposiciones, presentaciones de libros, conferencias, ruedas de prensa, lecturas, siempre la mano abierta y la sonrisa franca. Se formó en el Seminario Diocesano de León, lector voraz, obtuvo numerosos galardones, pero su valor estaba en la persona que supo construir: inmenso en su sencillez, elegante, cercano, lene, armónico, conciso, silente, sitibundo de todos los licores del espíritu; sosegado, culto, diáfano, mollar, inocente, irónico, limpio.

Publicó tres libros de poesía: Crónica de una nostalgia, Paráfrasis y Persecuciones, XV Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás. En uno de sus poemas, concluye: “No se aleja el que parte”. Y no se aleja, “la lejanía concierne a los que quedan”. Nos queda su poesía, sus preguntas, sus conversaciones con Dios, el perfume de jazmín oculto de sus amores, su palabra, el amor, su epiqueya, su nostalgia:”¿Cómo era el mundo/cuando tú no estabas?”.

Dormirán el sueño de los justos sus ensayos, sus narraciones, sus años de docencia, porque “la lejanía concierne a los que quedan”. Permanecerá el rigor rilkeano de sus versos, la limpidez de su palabra, la vibración de su armonía: “El mar y yo tenemos/ un corazón unánime/ tan lejos del vacío...” O “Cuando sangre la carne del último horizonte/ lanza el grito, vigía./Todo es por fin inútil/ y podrás alojar definitivamente/ tu penúltima vida”.

El maestro de tantos periodistas, el despertador de conciencias, el discente hambriento hasta el extremo; “Bernar”, la sonrisa sin jerarquías, el amigo cordial y entregado sin esfuerzo se ha cambiado a otro mundo, pero ya nos aleccionó que “No se aleja el que parte”. ¡Sit tibi terra levis!

 

Tomás Paredes

                                                                                                   Presidente de AICA Spain

 

 

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