En la I Bienal de San Lucas se han unido Iglesia y Arte, el secular mecenazgo de la Iglesia y la actualidad, Plasencia y su Obispado, el Oriente y el Occidente, antaño y hogaño. Si la Iglesia Católica es la primera y mayor mecenas del arte en grandes tramos de la Historia, era hora de que algún estamento de esa Iglesia intentare retomar sanas costumbres y se inventara esta Bienal, extraordinaria y única en nuestros días.

Comenzando por el nombre. San Lucas está ligado a la escultura y la pintura, entre la leyenda y la realidad se ha tejido una visión misteriosa, que le hace protector de la Medicina y de los artistas, recreado cum laude por el pincel de Zurbarán.

Si en tiempos pasados, los mayores artistas de la Historia ilustraron credos y leyendas, realidades y actos de fe, consignas y proclamas de la Iglesia, es oportuno y necesario que hoy se rehabilite esa función, con las variantes precisas, situándola en el hic et nunc, en el ahora con todas las incidencias que ahorman nuestro tiempo.

De entrada, mi felicitación al Sr. Obispo de la Diócesis de Plasencia, Don José Luis Retana, por poner en pie esta iniciativa, cargada de futuro, y tan determinante en un mundo en el que los valores espirituales languidecen o son aparcados, en beneficio de un seudopensamiento, que se ha dado en llamar líquido.

 

A esta I Bienal de San Lucas se presentaron 150 0bras, pocas desde mi óptica, aunque se trate del inicio de su andadura. He podido constatar, a posteriori, el desconcierto que se creó entre los pintores, aunque ya se advertía que no se trataba de un concurso de pintura religiosa, sino de una convocatoria para la expresión de los valores éticos y espirituales, que han regido nuestra convivencia. ¿Qué valores?: la dignidad, la solidaridad, la fe, la honestidad, el respeto, la responsabilidad, el esfuerzo, la lealtad...

Se logró una selección digna de veinte y cuatro obras y se premió lo mejor de lo presentado: el Primer Premio, dotado con 6.000 euros, se concedió a la obra “El tercer sueño nº 62” del que es autor Hanoos (Kufa 1958), el artista iraquí que lleva tanto años viviendo entre nosotros. Y el Segundo Premio, de 2.000 euros, a “Éxodo” de Garikoitz Cuevas, Sanlúcar de Barrameda 1968. Dos pintores con dilatados y prestigiosos currículos, excelentes emblemas plásticos de la Bienal.

Cuando los valores éticos han sido suplantados, o deturpados, en favor del espectáculo de la degradación, es muy de agradecer que surja una empresa humanística, como la Bienal de San Lucas, que invite a una reflexión sobre los mismos y que exija se materialicen de forma icónica. Ni el fin justifica los medios, ni todo lo posible es legítimo.

El arte hace visible lo invisible, como quería Paul Klee. El arte abre puertas a los sentidos y debe de ser un dique de contención de la banalidad. El arte es emoción y misterio; el espectáculo es ocio, necesario, pero no conviene confundirlo con la presencia, que nos hacer vibrar, que nos sacude el espíritu para preguntarnos y cuestiones todo aquello que sucede y no debiera producirse. El arte está hecho por los artistas y estos son los que siembran luz en la oscuridad, los que ponen de manifiesto la claridad entre las tinieblas, perfilando con pulcritud sus sensaciones, con independencia de soporte y de técnica. El artista tiene responsabilidad y compromiso.

Sin desmerecer las obras expuestas en la catedral vieja de Santa María de Plasencia - ¡vaya marco excepcional!- y celebrando las obras de Hanoos y de Garikoitz Cuevas, mi aplauso mayor es para el Obispado de Plasencia y sus colaboradores, para todos aquellos que han hecho posible este acontecimiento, genuino, hermoso y exergónico.

Plasencia es un bellísimo municipio arquitectónico en el que se arraciman la historia, la leyenda, el paisaje, la amistad, el arte, los libros, el influjo de su Obispado, propiciando un presente espléndido, al que no es ajeno el alcalde Pizarro. El azar y la necesidad han querido que un iraquí y un sanluqueño sean los estilos iniciales de esta Bienal, que en su desarrollo propició momentos estelares, como la alocución de Monseñor Retana, en la presentación del fallo.

 

                                                                                                                   Tomás Paredes

                             Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain

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