Emilia de Dios

Médico y miembro de AECA

 

El día 23 de mayo de 2019, en el que el pensador cumplió 96 años, se le hizo entrega del Premio Livraria Lello, galardón, que a partir de ahora, llevará el nombre de Eduardo Lourenço, para reconocer la obra de hombres imantados por la creación humanista. En la ceremonia intervinieron el Primer Ministro portugués Antonio Costa; Aurora Pedro Pinto, administradora de Livraria Lello y el periodista profesor Carlos Magno.

Como recuerdo y símbolo del acto, se le entregó un trofeo-escultura diseñado por el arquitecto Siza Vieira. Además, una dotación económica de 50.000 euros, siendo el tercer premio mejor dotado de Portugal. Conviene añadir que Eduardo Lourenço ya había sido distinguido con el Premio Camoes, el más prestigioso de la lusofonía.

En la tarde de ese mismo día, reiterando la celebración de la efeméride, en los jardines de la Uniao das Cidades Capitais de Cultura da Lengua Portuguesa, Avda da India, en Lisboa, se descubrió una enorme escultura de Eduardo Lourenço, obra del creador multidisciplinar Leonel Moura.

El autor de Heterodoxias, Tempo e Poesía, O Labirinto da Saudade, O Esplendor do Caos o Portugal como destino, es el pensador más influyente de Portugal en los últimos sesenta años. Mas, no sólo de Portugal; su larga presencia en Francia donde fue profesor universitario y maître à penser, le ha dado la oportunidad de difundir su pensamiento en Europa, cuya importancia ha resaltado en diversas ocasiones y en el libro Nos e Europa.

 

También está presente su pensamiento en Iberoamérica, tras sus años en Brasil, cuya estancia generó una feraz bibliografía. Aunque no sido muy traducido al español, hay varios títulos suyos en nuestra lengua, editados en España y Colombia.

En distintas ocasiones Tomás Paredes, su lector más asiduo y más fiel, le ha calificado de “Ortega y Gasset portugués”, porque hay muchas similitudes en sus maneras de pensar y de expresarse, en asuntos que han debatido, en el hurmiento que han hecho germinar. Ortega deambula entre la filosofía y la crítica, entre la razón y el pensamiento mágico, entre la sobriedad y la brillantez poética, siempre en la proceridad. Lo mismo ocurre con el doctor Eduardo Lourenço y su fabulosa obra, que ahora edita completa, en VI gruesos volúmenes, la Fundaçao Gulbenkian.

Su campo de pensamiento es amplio: en lugar de honor, el hombre y sus circunstancias; el tiempo, la poesía: Camoes, Pessoa, Antero, Eugenio de Andrade, Sophía...La belleza, el caos y todas las edades y temperaturas de la saudade.

Cuando hace unos días, Tomás Paredes y yo, fuimos a visitarlo a Lisboa, pasamos una tarde deliciosa, oyendo sus susurros y bisbiseos, que envolvían una eterna claridad y una permanente preocupación por el hombre y su destino. Abominó de esos rebrotes populistas y nacionalistas, que siempre han traído a Europa merma de libertades y penurias. Desde esta página felicito al maestro con admiración y cariño. Y recuerdo su nombre al Premio Princesa de Asturias, como uno de los intelectuales europeístas más fino y perspicaz, más riguroso y hondo, lúcido y humanista. Una personalidad que ya debería contar entre sus galardonados.

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