PEQUEÑAS   CHARLAS   CON…

CINCO  PREGUNTAS  A  ALFONSO GONZÁLEZ-CALERO

                                                                                              Gianna Prodan

Director de la Galería Catarsis desde 1992 hasta 2008, posteriormente de Investigación y Arte y de la Sala de Arte Experimental ART ROOM, ponente  y comunicante en distintos congresos, Perito Judicial de Obras de Arte así como tasador de las mismas, comisario de gran número de exposiciones, editor de libros de arte, etc. De la intensa actividad de Alfonso González Calero cabe destacar de una manera muy especial su vinculación con el arte y la cultura japonesa que le ha llevado a comisariar exposiciones en el Metropolitan Museum de Tokio o en Osaka, así como en varias ciudades de España y a pronunciar e intervenir en conferencias sobre las facetas más actuales del arte japonés.

Nos sirva esto como una breve introducción sobre la figura de nuestro entrevistado. Y vamos ya, de manera más distendida,  a charlar con Alfonso González-Calero, buen amigo desde tantos años, al que vamos a someter a los presuntos fuegos artificiales, pero no creo que indiscretos,  de nuestras cinco preguntas.

Alfonso, siempre he tenido la curiosidad de saber cuáles han sido los coordinantes que te han llevado a interesarte tan especificadamente por el arte japonés.

Mira, te parecerá sorprendente pero fue por casualidad. La vida está llena de casualidades o dígase, ocasiones, luego cada uno decide si merece la pena continuar y profundizar o dejarlo pasar.

Con Japón y el arte japonés, fue efectivamente la vida la que me llevó hacia ellos, primero, allá por el año 1985, conocí a la artista Michiko Totoki, luego separadamente y por otra casualidad al Comisario Hideki Minematsu, y luego, es cierto, yo he seguido propiciando el conocimiento de personajes y cultura de Japón.

Y ¿qué respuesta has tenido entre el mundo del arte y entre el público español en general  al llevar por España aquellas  exposiciones de los  artistas japoneses?

Pues, como en todo lo que tenga que ver con la Cultura, la respuesta ha sido agridulce, sabor, por otra parte, muy oriental.

En general, en principio, hay buena  respuesta en cuanto al interés creado o curiosidad de ver y conocer algo que viene de lejos, pero desgraciadamente, es una expectativa superficial, que se queda habitualmente en la anécdota de “yo ya lo vi”. Esto en gran parte es debido al ansia de espectáculo permanente en el que está anclada nuestra sociedad saturada de ocio, donde se suceden vertiginosamente las ofertas, que rara vez calan de verdad. Y queramos o no, el arte se ha convertido en espectáculo y ocio, como también ya ha puesto de manifiesto el pensador Vargas Llosa repetidamente.

No obstante, no veas en mis palabras pesimismo, es más bien toma de contacto con la realidad, pues ya es sabido, por los que tenemos algo que ver con la Cultura, que ésta, como decía, ya en los albores del siglo XX, el dramaturgo Domingo González Parra, “es como un abrigo malo, que pesa mucho y abriga poco”, y eso no ha cambiado gran cosa.

¿Cuál es tu valoración del arte japonés y su evolución en los últimos veinte años con respecto al arte occidental del mismo período?

Vaya, no tiene una respuesta ni fácil ni corta.

En mi opinión, existen algunas condiciones externas al arte que les son comunes y le facilitan su función, por ejemplo; la internacionalización de la información, de la difusión, del mercado, en fin del conocimiento del “otro”. Pero eso no ha hecho, al menos de momento, que el arte esté uniformado o dirigido hacia una sola dirección estética, aunque si se podría decir que en ambos lados se observa un fuerte amaneramiento de estados estéticos anteriores.

Si se observa a los artistas japoneses se verá que casi siempre aparece un sustrato artístico que se nutre del tradicional Ukiyo-e o de la caligrafía del siglo XVIII, al menos en lo concerniente a la supremacía de la línea, del descuido de perspectivas y de buscar la anécdota que ejemplariza, eso sí instalados desde los años 80 por un componente fuertemente Pop y en algunos casos añadiendo tecnología, porque ninguno de estos dos ingredientes contradecían sus principios básicos que ya he mencionado, ejemplo serían; Murakami, Mariko Mori, Kenji Yanobe, Tabaimo, o mi amigos Tanacue o Okamoto Motoko, entre otros.

En cuanto al arte occidental, o al menos al europeo, aunque también gran parte del americano y en especial el latino-americano, también le veo anclado a una de sus raíces, en este caso las barrocas, pues también, a poco que se escarba y asocia, se ven, incluso en las más recientes obras, prevalencia de los grandes contrastes, de apología teórica, de despliegue de aparato escénico, en fin de fundamentos del siglo XVII, eso sí en nuestro caso aderezado por una fuerte presencia de las teorías post-modernas de los años 60’, donde se glorifica la individualidad y por tanto la subjetividad creadora, además del componente de la incorporación de la tecnología y/o los nuevos materiales, pero como en el caso anterior, estos últimos no vienen a contradecir los fundamentos básicos sino a darlos otros acabados.

En conclusión, te diré, que afortunadamente todavía existen maneras estéticas diferenciadas entre Oriente y Occidente, aunque como te decía al principio cada una ellas están inmersas en cierta afección que tiene que ver con su tradicional manera de ver el mundo.

Y ¿respecto al arte más actual?

Véase respuesta anterior, pues veinte años no son nada, ni en la vida ni mucho menos en la historia del arte.

En los últimos años hemos vivido aquí en España y en general en toda Europa una gran contracción del mercado del arte a causa de la situación económica. Quisiera saber  cómo ha reaccionado el mercado japonés del arte frente a la crisis, ya endémica, de aquel país.

Posiblemente nos falten datos, pues éstos, o sea los referidos a la economía se ocultan descaradamente. Pero todo parece indicar que existen varias escalas o estratos dentro del mercado del arte, por lo tanto el mercado de élite, es decir, el que especula y/o se refugia en las grandes firmas consolidadas da signos de estar más boyante que nunca.

Por el contrario el mercado que se nutre de artistas no famosos y todavía en tránsito, que vivían de las ventas que realizaba a las clases medias, está totalmente hundido, pues esa clase media está también viendo que ya no tiene capacidad ni de ahorro ni de gasto.

Y está apreciación tanto vale para España como para Japón, aunque es igualmente cierto que en Japón existen otros mecanismos socio-culturales que hace que el mercado del arte se sostenga algo mejor.

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