papsyandresEl lunes 23 de septiembre de 2013, segunda feira, expiraba en un  hospital de Lisboa, el poeta angélico, el mágico cantor del sur y del ser, la antorcha de nieve y sol, Antonio Ramos Rosa. Hasta hoy, ni una palabra en España, ni los periódicos, ni los digitales, ni los blogs. ¿Cómo asimilar esta ignorancia, esta desidia?

Más de ochenta libros, innumerables colaboraciones en revistas, prensa diaria, audiovisuales. Propuesto en distintas ocasiones para el Premio Nobel, traducido al español en varias editoriales, amante de la poesía de Lope de Vega, Alberti, Federico. Me pidió un libro de Gelman, que le envié más tarde, para conocerlo.

Le visitamos en una residencia en el distrito de Belem, Joao Prates, Alcántara y yo, en 2004. Nos recibió con una elegancia y un cariño descomunal, nos dedicó libros, nos regaló dibujos, pasamos una jornada maravillosa de la mano de aquel hombre que parecía un pájaro extraño y vetusto, que susurraba, que miraba con la sorpresa en vista, que se encendía y apagaba con una llama antigua y pura.

Nacido en Faro, 1924, fue menestral, comenzó a publicar en periódicos, docente, empleado, creó diversas revistas y llegó a ser un poeta de prestigio, el más reconocido de un tiempo. Pero su destino era la sombra, la humildad, el dolor y desde hace años hablaba con las  voces ocultas y con los fuegos. Veía al fuego dibujar laberintos de claridad y enseñaba nuevos caminos para la libertad.

Desde O grito claro, autoedición de 1958, a la actualidad: Viagem através duma nebulosa, Voz inicial, Estou vivo e escrevo sol, Ciclo do cavalo, As marcas no deserto, Poemas da Resistência... Ensayos como Poesía, liberdade livre.

En español está editado, con irregular fortuna, siendo Clara Janés su más asidua traductora: Felicidad del aire, Ediciones Del oriente y El Mediterráneo 1998; Acordes, El Olifante, 2002; El aprendiz secreto, Visor 2003. Antes, en Pretextos, Ciclo del caballo, 1985, con versión de Ángel Campos Pámpano.

Tras varios años, entre el delirio y la esperanza, entre la alquimia y la pobreza, entre las pastillas y la demencia, a los 88 años ha muerto el gigante, cada vez más diminuto de cuerpo, el inmenso ingenuo que se inventó un mundo, más real y hermoso que el mundo. Cuando digo Ramos Rosa, digo luz, resplandor, genio, ensueño, vida iluminada más allá de la vida, claror, intensidad de destellos en un clamor de arco iris blancos.

Dibujante y poeta. Enamorado. Sus dibujos a línea recordaban la ambición matissiana por abrazar la vida en un trazo. Por trazar la vida en un gesto limpio y apasionado. Cada vez que le veía era un encuentro con  las ascuas, con las llamas que invocaban l a eternidad y el sufrimiento, la belleza y el ardor de la cal.

Las últimas palabras que dijo, antes de morir, fueron las de un rubro de un libro certero de 1966: "Estou vivo e escrevo sol". Seguirá estando vivo para quienes le conocimos, su amiga la poeta María Joao Fernandes, Joao Prates, Antonio Prates que le editó un libro y expuso sus dibujos en más de una ocasión. Seguirá escribiendo, pues aunque no lo hiciera es tanto lo que nos deja que llegar a conocerlo todo es una pretensión temeraria.

Seguirá con nosotros el eterno bardo, aunque se haya ido, volverá para hacernos ser.

 

 

 

Tomás Paredes

Presidente de AECA/AICA-Spain

 

 

 

 

Pie de foto: Tomás Paredes, A. Ramos Rosa y Andrés Alcántara. Lisboa 2004.

 

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