aaaurbanoDecir Urbano, en Andalucía y más allá, es identificar un hombre muy concreto y una obra heterogénea y feraz. Me dio la noticia nuestro común amigo Miguel Viribay: "Acaba de fallecer nuestro amigo Manolo Urbano, después de una semana terrible y un tiempo final trágico". ¡Aunque se le espere, la muerte no es bienvenida jamás!

Manuel Urbano Pérez Ortega, Jaén 1940, más conocido por Manuel Urbano o Urbano a secas, estudió Derecho, pero pronto se dedicó a labores de agitador cultural y creador, pues tras su aspecto aquilino y exotérico, bajo su vehemente campechanía se escondía el palacio de un poeta herido de descontento.

Más que funcionario, Urbano fue un servidor de la cosa pública, haciéndola funcionar con eficacia. Fue responsable del área de Cultura de la Diputación Provincial de Jaén y director y creador del Museo de Artes y Costumbres Populares de la capital aurgitana, desplegando amplios y dignos programas de exposiciones, publicaciones y actos culturales. Los que querían mangonear el programa le criticaron con dureza, indecentemente, pero se demostró que cuando lo dejó, ya nada funcionó con visos aceptables. Hasta el final demostró su dignidad y su compromiso, publicando, hace nada, el año pasado el Catálogo razonado de los bienes muebles de la Diputación Provincial.

Perteneció a todas las instituciones con impronta cultural de Jaén y Andalucía: consejero del Instituto de Estudios Giennenses, miembro de la Cátedra de Flamencología, académico de número de la Academia de Buenas Letras de Granada, de la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía... Antropólogo y folclorista dirigió proyectos y creó revistas como Toro de caña.

Conversador excepcional, afilaba la mirada y dejaba perlas de inteligencia y claror en conversaciones sobre arte, cante, fotografía, poesía, crítica. Estuvo en los jurados de los premios de música, arte y crítica. Editor y ángel guardián de las obras de Manuel Andújar, Rafael Porlán, Bernier.

Publicó en revistas y periódicos, manteniendo durante años una columna en el Diario Jaén, "Ojo de Pérez", que pasaba revista constante a los altibajos del devenir cultural de su entorno, traspasando lo local. Una faceta que ha sido ponderada por Miguel Viribay, como uno de los bagajes más a tener en cuenta en su labor intelectual. Junto con su labor de crítico de arte, en este mismo medio, durante trece años y con textos como el escrito para el escultor Alcántara, en cuya obra creía.

Republicano, antropólogo, gestor cultural, director de revistas, editor, crítico, antólogo, museólogo, flamencólogo, polígrafo, pero, ante todo, poeta. De sus más de cuarenta títulos, seis son libros de poemas, que le identifican con la luz y la ternura, bajo la coraza de un corazón de fuego y nieve: Anillo a dos, Presencias y ausencias, Grabado en la memoria, Horno negro, Paseos en Jaén, Camino de la nieve, desde 1972 a 2006, dejan un reguero de pólvora y azahar, que incendiaron su vida y la de sus lectores, transitando parajes boscosos de la desnudez a la barroquización y desde la sal al sol, del escozor al deslumbramiento, con un aroma de pulcra fruta esquiva.

Para su viuda, Nieves Párraga, y los seres que le quisieron, mis condolencias. Sus amigos no consentiremos el olvido. Sit tibi terra levis, poeta del dolor y de la nieve, neblí de oro y aura.

 

 

Tomás Paredes

Presidente de AECA/AICA Spain

 

 

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