Manuel Santiago Morato

Tomás Paredes

Presidente de AECA/AICA Spain

El martes 3 de febrero, a los ochenta años, fallecía el pintor Manuel Santiago Morato. Logró un lenguaje personal con una figuración mágica y un cromatismo, que tuvo repercusión y seguidores. ¡Sus blancos, los verdes de Sêvres, los amarillos de Nápoles, el turquesa, el bermellón y la inocencia, sobre todo, la inocencia, la ternura, la emoción! Manuel Santiago Morato, Los Santos de Maimona(Badajoz) 1934, aquejado de poliomielitis desde los 22 meses, no se arredra y crece con su corazón y su cabeza puestos en el arte, tanto que a los 8 años gana el primer permio de un concurso de dibujo de la revista “Flechas y Pelayos”. Escribe una carta a Elola Olaso solicitando una beca para estudiar Bellas Artes y se la conceden. Viene a Madrid, prepara su ingreso en Bellas Artes y se licencia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Hace oposiciones a Instituto, las ganas e inicia su periodo docente, alternando con las ex -posiciones de su obra, desde 1960 a la realizada en el Centro Cultural de La Vaguada, en 2011. Numerosas muestras colectivas y personales sobre las que escribieron: Ramón Faraldo, Campoy, García Viñolas, Javier Rubio, Antonio Zoido, Mario Antolín, José Pérez-Guerra, Mª del Mar Lozano, Francisco Lebrato Fuentes, Román Hernández Nieves, Raúl Chávarri, Elena Flórez, Feliciano Correa, María Dolores Arroyo, Jesús Cobo o yo mismo, que lo he tratado desde los años 80, hasta que el alzheimer en 2004 lo fue metiendo en el ostracismo de la sombra, siempre cuidado con proverbial ejemplaridad por su mujer, Manoli Ruiz Berrio, gestora cultural y miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte y de AICA.

Goya, Ensor, Solana, el teatro medieval, están entre sus referentes. Y el dibujo de Toulouse-Lautrec que descubre en París, donde amplió conocimientos, estudiando la vanguardia, cuya asimilación y fascinación no le apartan de su realismo mágico, repleto de figuras carnavalescas y valleinclanianas, de máscaras y personajes circenses. Expuso en distintas capitales de España, Lisboa, Londres, Nueva York, dejando buena parte de su obra en Miami y Nueva York.

Tocaba la guitarra y le gustaba canturrear flamenco, algo que mantuvo incluso en los años recientes-¡el cante, claro!-, cuando ya no conocía. De porte elegante, guapo, sonrisa sempiterna, afable, cariñoso, conversador, en el cambio de siglo hizo intentos de abstracción, ya al final, con una serie de pinturas sobre páginas de revistas con un excelente resultado. Hay un Arlequín de 2004, de una emocionante sensibilidad. También esculpió, siempre desde el impulso de un excelente dibujo.

En 2011, la Fundación Maimona editó un volumen, “El teatro de sus sueños. Manuel Santiago Morato”, que coordiné y escribí, en parte, en el que queda constancia de su andadura existencial y de su obra plástica. De su intimidad lírica y sus colores. Fue, ante todo, una persona buena, con muchos amigos, y un pintor con lenguaje. Solidario.

Quería ser enterrado en su pueblo, en Los Santos, y allí ha vuelto para siempre, este día de nieve, frío, como el vació que deja en quienes le querían. A Manoli y a sus hijos y descendencia, mis más sentidas condolencias. El arte era su razón de existir, pero poniendo por delante al hombre, contagiando de humanidad cuanto hacía y manifestaba.

¡Le recordaré siempre pintando, ensimismado en su orbe, buscando la magia con su pincel brujo, sujetando la derecha con la mano izquierda, pintando a dos manos y un corazón de terciopelo bermellón y fuego!.

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