Su hijo, el escultor Jean Anguera, miembro numerario de la Academie de Beaux Arts de Francia, me comunica que el pasado miércoles, 27 de marzo, a los 96 años, fallecía su madre, Pierrette Gargallo- Anguera, hija única del célebre escultor Pablo Gargallo.

Con la pérdida de Pierrette Gargallo desparece un testimonio ejemplar de una época gloriosa del mundo del arte. Era una de las últimas personas que trató en torno a los años 30/50 a los grandes del arte en París, que era entonces el corazón del mundo del arte: Picasso, Artigas, Jean Cassou, Rosenberg, Reverdy, Juan Gris, Manolo Hugué, Miró, Julio González, Jean Cocteau, do Rego Monteiro, Dufy, eran nombres que ella pronunciaban con la mayor familiaridad.

La conocí, mediados los ochenta, en casa de Marianne y Javier Vilató, anfitriones sin igual, en donde trabé amistad con tantos amigos comunes: Antonio Guansé, Subirá-Puig, Pierre Courthion, Hernando Viñes, Pierrette Gargallo, Lina Davidov, Jean Leymarie, Orlando Pelayo, André Verdet, Antoni Clavé, Segovia...

Pierrette Gargallo(Barcelona 1922-Issy-les-Moulineaux 2019), perdió a su padre cuando tenía 12 años. Vino la 2ª Gran Guerra y todo se rompió. Madre e hija huyen de Paris hacia Ceret, abandonándolo todo, y acabando en el campo de concentración de Rieucros. Una confusión les permitió salir para España. Criada en un ambiente entre artistas, se matriculó en la Escuela de Artes Decorativas y se preparó para escultora en Barcelona, profesión que comenzó ejerciendo, así como la de grabadora.

 

En la capital condal tuvo un contrato de siete años con la galería Argos, donde vendía esculturas esmaltadas y terracotas. En 1945, expuso una colectiva de grabados con Fabra, Fin y Javier Vilató. En 1947 vuelve con su madre, Magali Tartanson, a París y en uno de esos milagros que se dan de vez en vez, recupera toda la obra de su padre, hacinada en el Petit Palais, donde se hará una de las primeras exposiciones de posguerra con ella.

A partir de eso momento va a dejar su ambición creativa para centrarse en la obra de su padre y en su difusión. Se casó con el doctor Anguera y tuvo tres hijos. Y esa fue su vida: sus hijos y su padre, Pablo Gargallo (Maella 1881-Reus1934) uno de los escultores más influyentes de la transformación del arte y de las vanguardias históricas.

Con una generosa donación promovió el Museo Gargallo de Zaragoza, inaugurado en 1985, y un sinfín de exposiciones en museos del mundo, libros, catálogos, catálogo razonado de dibujos, en fin una vida, intensa, alegre, sin respiro, entregada en cuerpo y alma a la obra de Gargallo.

En Aragón recibió muestras de cariño y reconocimiento, como el ser hija adoptiva de Zaragoza. Juan Antonio Cremades en su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Luis glosó su figura, pero nada de ello alcanza el nivel de su entrega y generosidad. Su sonrisa, afabilidad, buena sombra, simpatía, acababan por abrir todas las puertas y todos los corazones. Sencilla, campechana, mollar, rehusó todo tipo de lujo para consagrarse de forma ascética a proclamar la fe en la escultura de su padre. Y, bueno, de su hijo y de otros artistas ¡Una mujer excepcional en un tiempo convulso!

En La meva capsa de Pandora, memorias del pintor Xavier Valls, hay hermosas palabras sobre su actitud. Al igual que José Subirá-Puig, quien siempre la distinguió con admiración a su trabajo y a la dedicación a la obra de su padre.El mates 2 de abril, después de una ceremonia religiosa, será inhumada en el cementerio de Issy-les-Moulineaux, donde vivía, cerca de París. Sit tibi terra levis, amiga.

 

                                                                                                                  Tomás Paredes

                                                                                                   Presidente de AICA Spain

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